viernes, 12 de febrero de 2010

Historia: El caballo de Las Mil y Una Noches



Vamos a dejar descansar a Mahoma y sus "caballos del desierto"... Sí, porque quiero hablar del caballo que más me ha intrigado en los largos meses de "lecturas equinas". Me refiero al caballo Encantado de Las mil y una noches. ¿Cómo pudo el autor de este racimo de leyendas legendarias inventarse una máquina voladora seis o siete siglos antes de que se inventara la aviación o incluso antes de que Leonardo da Vinci viniera al mundo? Les aseguro que este tema bien se merecería una tesis doctoral.
La Historia del caballo Encantado es una de las que aquella sagaz sultana Sherezade contó al soberano de Persia, su marido, durante las largas "mil y una noches" de la leyenda, y comienza así:
--"Terminaba su audiencia pública un día el rey de Nehu, cuando vio venir hacia él un indio de mirada aviesa y cabellos crespos. Llevaba un hermoso caballo negro por la brida y, al pronto, parecía éste un caballo de verdad.

El rey se le quedó mirando y le indicó que dijese qué deseaba.

--Señor --dijo el indio--, este caballo que aquí veis es maravilloso. Con él podéis trasladaros en un momento a cualquier lugar que elijáis, por lejano que esté el lugar en que lo montéis.

Quiso el rey averiguar si ello era cierto y se acercó a verlo mejor. Pero el caballo no ofrecía más particularidad que estar completamente inmóvil y como sin vida.

--Estoy dispuesto a hacer la experiencia delante de Vuestra Majestad --dijo el indio--. Y nada mejor que probarlo en seguida.
Diciendo esto montó el caballo, metió los pies en los estribos y esperó la orden del rey. A varias leguas de la capital había una montaña que el rey solía visitar cuando iba de caza y que se llamaba Chirah. Allí indicó al indio que fuese.

--No es muy grande la distancia, pero me bastará para juzgar de la velocidad y cualidades de tu caballo. Al pie del monte hay una palmera, corta una rama y vuelve con ella.

El indio hizo una señal de obediencia y empujó una clavija. Al punto el caballo negro se elevó por los aires y desapareció de la vista de la corte.

Pasaron muy pocos instantes y volvió a verse por los aires. El indio llevaba en la mano la rama de la palmera.

Muy admirado el rey y gozoso de poder adquirir tan portentoso caballo, le preguntó al indio cuánto quería por él.

--Eso en el caso de que queráis venderlo --le dijo--, pues supongo que con esta intención me lo habéis mostrado.

--No, Majestad. Este caballo no puede ponerse a la venta y no era esa mi intención al mostrarnos sus cualidades. Lo aprecio mucho y no lo cederé sino a cambio de algo que lo merezca.

--Habla, pues. Mi reino es dilatado y puedo ofrecerte honores y seguridades para el resto de tu vida.

-- A cambio de este caballo, Majestad, deseo la mano de vuestra hija, la princesa Peruze.

La corte entera se estremeció al oír tan atrevida propuesta. Era el indio tan desmedrado y repugnante de cuerpo que no se concebía a la princesa casada con él. El rey se quedó callado.

El príncipe Firuz, que asistía a la curiosa escena, viendo que su padre no decía nada, se enardeció y dijo colérico:

--Señor, ¿acaso vaciláis en contestar el atrevimiento de este indio? La princesa, mi hermana, vale mucho más que este caballo por maravilloso que sea.

--No es esa la razón que me hace callar, hijo mío. Trato de encontrar la forma de adquirir, si eso es posible, este caballo por otros medios, que casar a tu hermana con un desconocido.

--¿Tanto deseáis poseerlo?

--Sí, hijo mío. No ignoras que estamos rodeados de otros reyes poderosos y a este indio le será fácil que otro monarca lo adquiera. Yo desearía adquirirlo para ti, si este indio consiente en un convenio.

--Pero, padre, por ahora este caballo sólo le sirve a él. Quizá a mí no me serviría para nada.

--Pruébalo, hijo. Estoy seguro de que el indio consentirá en ello.

--Así es, señor --dijo el indio.

Firuz no esperó más y se subió al caballo de un salto. Cogió las riendas y apretó la clavija del lado derecho, tal como había visto que lo hacía el indio al partir. El caballo se alzó por los aires y desapareció de la vista de todos los circunstantes.

--¡Ay, de mí, Señor! --gritó entonces el indio--. Ha marchado sin preguntar nada y no sabrá hacerlo bajar.

--¿Cómo no se lo has advertido? --gritó el rey.

--¿Acaso no vio Vuestra Majestad que no me dio tiempo a nada? Si casi no le hemos visto marchar, tan rápidamente ha montado y ha apretado la clavija...

--Pero ¿acaso es muy difícil hacerlo bajar?

--Todo consiste en apretar otra clavija. Quizá el príncipe, cuando se vea en apuros, la busque. Ruego a Vuestra Majestad que no me haga responsable de lo que pueda suceder..."-- Y etcétera.

Porque la historia, naturalmente no acaba aquí, ya que el príncipe Firuz vive mil aventuras y toda una leyenda de amor con la princesa de Bengala.

Las últimas palabras del cuento son éstas: --"El caballo encantado fue propiedad del príncipe Firuz durante largos años. Luego no se supo qué había sido de él"--.

Pero lo que sí se sabe, porque está en la historia completa, es que Encantado era negro, que desde lejos parecía un caballo real y que se movía gracias a dos palancas (una para subir y otra para bajar)..., lo que incita a pensar que el "animal" tendría que tener un mecanismo interno. ¿Cuál? El autor o autores no hablan de ello. Como más tarde tampoco lo hará Cervantes al inventar su Clavileño... Y, sin embargo, Leonardo fue un enamorado de este "caballo" de Las mil y una noches.

Fuente: "Caballos, historia, mito y leyenda" de Julio Merino. Ed. Compañía Literaria, S.L., 1996. Págs. 78-80.
Para saber más:
Para escuchar el cuento:

1 comentario:

  1. Esta muy bien esto pero crepo que tendria que explicar tambien lo que pasa despues de que el principe se fuera con el caballo (aunque solo sea un poco)

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