miércoles, 4 de noviembre de 2009

Historia: El caballo de San Pablo


En los Hechos de los Apóstoles puede leerse -contado en primera persona- lo siguiente:
"Hermanos y padres, escuchad la defensa que ahora hago delante de vosotros... Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad (Jerusalén), a los pies de Gamaliel, instruido conforme al rigor de la Ley de nuestros padres, celoso de Dios como vosotros todos lo sois el día de hoy. Persequía yo de muerte esta doctrina (el cristianismo), encadenando y metiendo en las cárceles lo mismo hombres que mujeres, como también el sumo sacerdote me da testimonio y todos los ancianos, de los cuales, asimismo, recibí cartas para los hermanos, y me encaminé a Damasco, a fin de traer presos a Jerusalén a los que allí hubiese para castigarlos. Y sucedió que yendo yo de camino y acercándome a Damasco hacia el mediodía, de repente una gran luz del cielo me envolvió. Caí en tierra, y oí una voz que me decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?". Yo respondí: "¿Quién eres, Señor?". Y me dijo: "Yo soy Jesús el Nazareno a quien tú persigues". Los que me acompañaban vieron, sí, la luz, mas no oyeron la voz del que hablaba conmigo. Yo dije: "¿Qué haré, Señor?". Y el Señor me respondió: "Levántate y ve a Damasco; allí se te dirá todo lo que te está ordenado hacer". Mas como yo no podía ver, a causa del esplendor de aquella luz, me condujeron de la mano los que estaban conmigo, y así vine a Damasco..."
Naturalmente, es el propio San Pablo el que habla y quien calla los detalles exactos del acontecimiento. Porque llegados aquí, y como dice Josef Holzner, nos gustaría saber muchas cosas. Por ejemplo, ¿desde dónde cayó en tierra y qué animal montaba cuando de repente le ciega la luz del cielo? Y, sobre todo, ¿cómo se llamaba el animal que montaba? Desgraciadamente, el apóstol de los gentiles, el gran revolucionario de la Iglesia cristiana primitiva, el viajero impenitente que taladró los cimientos del imperio romano, aquel que llegó hasta los confines de la tierra conocida (España) para difundir la Verdad del Dios hecho hombre y recorrió varias decenas de miles de kilómetros antes de dar su vida en la cruz..., no habla de su caballo para nada.
Y, sin embargo, otros testimonios de su tiempo y algunos autores "paulinos" pintan aquella escena con la presencia incuestionable de un Saulo colérico y azote de los cristianos.
"Por aquel tiempo -escribe Holzner- establecióse una especie de Inquisición y Saulo fue nombrado inquisidor general. Espías, soldados del Templo, poderes, todo estaba a su disposición. Sorpresas nocturnas, registros en las casas, arranque de confesiones y blasfemias contra Cristo por medio de torturas aplicadas en los sótanos inferiores de las sinagogas, azotes con treinta y nueve golpes, como él mismo tuvo que sufrirlo después con tanta frecuencia, estaban a la orden del día. Las cárceles estaban llenas. Quien se podía salvar, huía al campo con su mujer e hijos y sus escasos bienes. Pero tampoco allí estaban seguros. En todas partes los seguía a galope tendido Saulo con su gente".
Es decir, que, ciertamente, el más tarde apóstol de los gentiles perseguía a los cristianos a caballo y que desde un caballo debió de caer el día crucial de su conversión.
¿Y cómo era ese caballo? No es difícil imaginarlo teniendo en cuenta la geografía paulina de aquellos años y su posterior retiro a la "Arabia".
Pablo nace en Tarso de Cicilia, o sea, la ciudad puente de la civilización semítico-babilónica y la grecorromana (hoy Turquía), y allí estudia hasta que se traslada a Jerusalén. Luego hay unos años en blanco en su biografía que, al parecer, los pasa "haciendo méritos" para el Consejo Supremo de Jerusalén en las tierras adelantadas del sur (el Sinaí). Más tarde, tras la conversión, se retira al desierto y allí pasa casi tres años conviviendo con sus moradores.
"El término Arabia -dice uno de sus biógrafos- designaba entonces un concepto muy amplio y comprendía toda la península arábiga hasta Damasco, más aún, hasta el Éufrates...", de donde puede deducirse que los caballos que utiliza aquel joven inquisidor para perseguir a los cristianos eran "caballos árabes".
En cualquier caso, la escena y cuanto aconteció después en la vida de Pablo hacen suponer que el apóstol montaba aquel día yendo hacia Damasco un caballo fogoso, presto a encabritarse y de color oscuro ("la cabalgadura se encabritó entonces y se retiró a un lado..., y era tal la luz que sólo podían distinguirse las sombras del animal")... "El celestial cazador -según Holzner- le había cogido y sujetado, como se doma a uno de aquellos caballos fogosos de las praderas (o del desierto), que en seguida, de una vez para siempre, obedecen a la más ligera presión del jinete".
En resumen, un caballo para la Historia de cuyo nombre no queda testimonio, a pesar de haber sido testigo principal de uno de los acontecimientos más importantes de la vida del hombre.
"Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?"
"Señor, Señor, ¿por qué me acosas?"
Había tres caminos diversos de unos doscientos cincuenta kilómetros para ir de Jerusalén a Damasco y Pablo eligió el más corto, por la meseta pedregosa y pelada de Judea. O sea, siete días y siete noches con su caballo a solas y con la compañia del sol abrasador y las estrellas blancas de la "Arabia" alternándose como disciplinados legionarios.
"... Y cuando Saulo se levantó del suelo era el fiel vasallo de Jesús para siempre."

Fuente: "Caballos, historia, mito y leyenda" de Julio Merino (1996). Págs. 60-62.


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