jueves, 10 de septiembre de 2009

Historia: Strategos, el caballo de Aníbal

Cuenta una vieja leyenda de la Historia que cuando el casi anciano general Aníbal vivía el último de sus exilios un día le preguntó su hijo, Amílcar el Joven, quiénes eran, a su juicio, los generales más grandes del pasado y que el genial cartaginés le respondió sin dudar...
-Alejandro el Grande, Pirro y Aníbal.
-Y si Aníbal -le replicó el hijo- hubiese vencido en Zama, ¿les pondrías en el mismo orden?
-No, hijo, entonces Aníbal sería el primero, el más grande de todos.
Lo cual, aunque dicho por el propio Aníbal parezca un acto de vanidad, es verdad y responde a lo que la Historia cuenta de sus hazañas militares y guerreras..., a pesar de sus enemigos los romanos, que, para más inri, fueron los que las transmitieron.
Pero ¿quién fue y qué hizo Aníbal de Cartago? ¿Por qué pasó Aníbal especialmente a la Historia? Veamos:
Aníbal fue el hijo de Amílcar Barca, el general cartaginés que conquistó España para Cartago, y vivió entre los años 247 y 183 a. C. Un hombre de quien los diccionarios biográficos dicen: "Aníbal poseía en alto grado las características clásicas de los grandes jefes militares: resistencia física y moral y genio para plantear y resolver las situaciones de lucha más comprometidas, aprovechando al máximo sus efectivos y elevado patriotismo, pero además tenía otras cualidades importantes: la grandeza de alma y la imaginación necesarias para acometer grandes empresas, y la tenacidad y la capacidad de valorar hasta los más pequeños detalles, imprescindibles para llevarlas a la práctica".
Sin embargo, lo que elevó a Aníbal a la categoría de "mito universal" fue su hazaña de atravesar los Alpes con un ejército de más de cincuenta mil hombres, diez mil jinetes y medio centenar de elefantes... y vencer a los romanos en su propio feudo. Tesino, Trebia, Tasimeno y Cannas pasarían a la Historia no solamente como los nombres de cuatro batallas, sino como los cuatro avales de un genio militar.
Aníbal y su ejército cruzaron los Alpes el año 218 a. C. (o sea, cuando el general vencedor de Sagunto tenía veintinueve años) y, tras vencer a todos los "dictadores" y generales de Roma, durante trece años largos fue el amo de Italia. La batalla de Cannas aún se estudia hoy en todos los centros de enseñanza militar como una de las "más geniales" batallas de la Historia. Después, abandonado por Cartago y desilusionado por las mezquindades políticas de los suyos, tuvo que regresar a África, donde fue derrotado por primera vez en su vida y comenzó la "larga marcha" hacia el suicidio.
Pero ¿cuál fue el arma principal de Aníbal para vencer a los romanos? Sin duda alguna la caballería... y no los elefantes, como se dice a veces. Porque Aníbal supo aunar lo que -según su padre, Amílcar Barca- era invencible: los caballos númidas y los soldados españoles. "Pero España -escribe uno de sus biógrafos- poseía una riqueza aún más apreciable que el oro para Amílcar, pues hasta el momento en que escribo no ha habido jamás soldados como los de España. Son fieros como las águilas, leales como mastines y valientes como sólo pueden serlo los locos."
(De ahí que a la hora de estudiar el origen del actual caballo español no haya más remedio que remontarse a los más de cincuenta mil que importaron los cartagineses a España.)
Por tanto, no debe sorprender el que Aníbal fuese un amante de los caballos y un gran conocedor de la raza equina. Ni que a lo largo de su intensa vida militar tuviese él mismo buenos ejemplares.
Según las mejores fuentes históricas (Polibio el Griego y Tito Livio) y las leyendas surgidas en torno a los desaparecidos relatos de su cronista Sosylos, el famoso general cartaginés tuvo, entre otros, tres caballos con nombre propio: Ibero, Strategos e Iris. El primero fue "el caballo de Sagunto", o sea, aquél con el que sitió y venció a los saguntinos, entonces amigos de Roma, en la primera fase del camino hacia los Alpes, Ibero era el nombre del río Ebro, pero también la frontera que Roma había impuesto entre ella y Cartago. Por eso el cruzar el Ebro fue como la ruptura con Roma y el comienzo de la segunda guerra púnica. Ibero murió, según la leyenda, cerca del Ródano o durante la escaramuza con los celtas galos que se interponían en su marcha.
Strategos -en griego "general"- fue "el caballo de los Alpes", aquel con el que culminó la hazaña del gran ejército y los elefantes. Al parecer era un caballo impresionante, de gran alzada y color azabache, inquieto, agresivo en la carrera y fácilmente manejable en el combate (y no hay que olvidar que los cartagineses montaban sus caballos sin frenos, sin bocado y muchas veces sin bridas)... que se había hecho traer de la Tesalia griega en un afán de imitar a su gran ídolo juvenil: Alejandro Magno.
Más tarde, aunque no se sabe qué fue de Strategos, el cartaginés se prendó de una yegua que le regaló Filipo V de Macedonia, y a la que puso de nombre Iris, en honor de su "gran amor" italiano: la dama de ese nombre, señora de Salapia, que se suicidó al final arrojándose desde las murallas antes de ver vencido a "su" héroe.
Sin embargo, el corcel más famoso entre los cartagineses de Aníbal fue Ras, cuyo dueño era el jefe de la caballería, capitán Maharbal (Marr), que según los biógrafos era el que más sabía de caballos en "todo el mundo".

Fuente: "Caballos, historia, mito y leyenda" de Julio Merino (1996). Págs. 39-41.


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